11 octubre 2009

¿Como se apaga una vela?


Trás escuchar una de mis canciones preferidas (La Guardia-Mil calles lleván hacia tí) y trás todo lo que esa canción me ha echo pensar, permiteme contestarte a lo que me has preguntado esta mañana:

No, no estoy bien, porque aunque ya han pasado meses, yo aun no he encontrado mi camino y lo curioso es que después de tantas cosas, no he dejado de buscarlo siempre trás el tuyo.
Lo más largo y lo más tierno, se queda corto. Quiero besar más lejos de lo que besa un beso. No me sirven banderas que ondean a media asta.
Francamente, agradecería un Brugal después de tener tantos días tantas cuentas pendientes que finalmente nunca me permitieron resolver. Pero nadie te invita a un Brugal cuando has perdido. Sólo te miran muy asustados, como si temieran que ya nada te importara. Pero sí, perdí. Y sí, me importa. Creo que todas las tortas, sin guantes, que te concede la vida… Son deliciosas. Y se merecen, cuanto menos, un buen brindis. O un abrazo. O un beso.

He actuado muy en contra de mí, tantos días, que en todo ese tiempo me he dejado el corazón y los sueños muy atrás. Ahora solo me queda salir corriendo, pensando que será él, el que me proporcionará bombear, suspirar, quemar, doler, sangrar, amar. Y cuando me doy cuenta de que tengo todo muy atrás. Tengo miedo. Miedo porque regreso vacía. Miedo por no saber si volveré a diferenciar mis sueños de lo superficial.Y que no puedo dar un paso, ni si quiera ante el sueño mejor vendido del mundo, prescindiendo de tí.

Perderlo todo… Eso fue lo de menos. Lo difícil de todas las guerras es volver.Y el hecho es que todos los días, que cada día, te recuerdo, que ya eres inmortal, como lo es el aire que arrastra todos los sueños. Inmortal, como la debilidad que muestra cualquier "Te quiero".

1 comentario:

Manu MAÑERO dijo...

El primer problema de los soñadores es que lo son a jornada completa e intensiva.
Segundo problema, construir nuestros sueños alrededor de alguien que no seamos nosotros mismos.
Por último, las copas son más caras que los besos. Al menos, monetariamente hablando.