
Me propongo a dar un aire rustico a mi habitación. Miro cortinas, mejor no, mejor estor. Finalmente cortinas. Paseo al Ikea. Pintar. Coger un rodillo, hacer agujeros. Poner vigas en el techo. Elegir unas mesillas. Entrar en el Leroy Merlín. Comprar panel piedra. Atascar el portal. El coche como mula de carga. Agujetas en las pestañas. Hacer cajas. Deshacer cajas. Rebuscar entre los papeles, tropezar con un libro dedicado de Iván. Unas fotos de playa con César. Una rosa seca de Manuel. Las cartas en un cajón de JuanFran. El manuscrito de Dolores Promesas regalo de Saúl, la muñequera de Javi, las pulseras de Pola. Las entradas del musical que me regalo Sergio. La casa plegable de Pocoyo de Ruben. La invitación de boda de la hermana de Alberto. Las llaves originales del audi de Kike. Mil promesas, muchos sentimientos.
Es el momento de tirarlo o guardarlo todo en una caja. Opto por lo segundo.
Es otra vida, otro tiempo, pero que me pertenece y yo le pertenezco. No se irán por el contenedor de papel. Los sentimientos pueden reciclarse, me digo.
Porque a pesar de todo todas, esas cosas con las que me reencuentro, son de personas que a pesar de todo, llevan en mayor o menor medida… sabor a mí.
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