03 febrero 2009

A veces distante, pero siempre Ivan...

Me pongo a pensar en él y me percato de que casi todos los relámpagos que conozco resultan ser morenos.
También resultan ser de ojos de raíz intensa, oscura y brillante muralla redonda protegiendo el relleno, que es materia de luz y vida.
Este relámpago en concreto, además de sus ojos, su pelo y su piel que desprende calor, tiene la cabeza más sexy que he conocido en muchos años. Huele siempre a brisa fresca, de mar, claro.
Es fuerte, sí, no se lo negaré, pero es extremadamente suave.
Si la miras, parece que mirases tumbado en el asfalto hacia la nada, en un día de extremo calor.
Desprende ese aura enigmática de poderoso calor que no te deja mirar hacia otro lado.El dice que tiene mala leche, no obstante, la tiene.
Lo que no sé si sabe es que también tiene una sonrisa que mueve el mundo. Los motivos por los que sus labios se afilan hacia arriba, y la sonrisa picarona que tiene, son inmensamente atractivos.
Y me atrevería a decir que por desgracia, originales y casi únicos.
Los motivos por los que a el le brillan los ojos y se le enciende la piel, son el quejío de un buen zamorano, su padre.
También son cambiar el mundo y todo lo que está tan jodidamente mal hecho. Por eso tiene mala leche. Y por eso no para. Y por eso sonríe tantas veces. Porque si no hubiera personas como el, que no se quedan en un “quiero cambiar el mundo”, sino que van y lo cambian, luego las personas como yo no tendríamos de quién aprender.

Jamás hubiera pensado que se me encendería tanto el pecho por dentro al recordarle.
Es difícil describir todo lo que te puede llenar alguien como el.
Sólo sé que desde que le conozco me siento mejor todos los días, porque sin darse cuenta ha cogido con el pulgar y el índice mis párpados y me ha dado otra visión de lo que yo andaba media vida viendo a medias.
Y eso es algo que jamás sabré bien cómo agradecerle.
No es fácil rozarle a alguien los ojos, y mucho menos el alma

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